Ojos parlanchines

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Editora en jefe Carmelsy Confesor
Foto César Sánchez

Su esbeltez fue lo primero que llamó  sorpresivamente mi atención. Ese rostro de niña asustada que no compaginaba con su abismal estatura. Ojos translúcidos y entristecidos, en los que dejaba ver su historia, sin necesidad de contarla.

Pocas palabras salieron de  su boca, aunque su corazón latía tan fuerte, que era capaz de escucharlo estando en la habitación de al lado. A los 12 años supo que tenía que buscar camino, que debía alejarse de la historia de su progenitora, quien a los 13 años ya la cargaba en brazos.

No tenía muchos amigos en clase y se acomplejaba intensamente de poder ver sobre las cabezas de todos sus compañeros. Sus largos brazos, a veces, no encontraban puesto, hasta que una foto en redes le abrió camino.

Era la primera vez le hacían fotos profesionales. Medida, introvertida y vergonzosa… hasta que el lente miró su cara. Simplemente, su alma traspasó su cuerpo y el fuerte ímpetu de cambiar su realidad pudo más que todo.

Hace unos años de aquella primera vez, hoy desfila en pasarelas internacionales y cada vez que me cruzo con una foto suya –con esos mismos ojos parlanchines– quedo convencida que más vale tener un gran deseo, que quedarse dormido en el colchón de las circunstancias.

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