¿Amor?

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Editora en jefe Carmelsy Confesor
Foto César Sánchez

Desde que tengo uso de razón escucho esta palabra de dos sílabas. Y siempre se la relaciona con ese sentimiento platónico, idealizado y fugaz. Se nos enseña que merecemos todo, que lo mejor es nuestro y que encontraremos ese ser perfecto que nos corresponderá. Las novelas y literatura ligera siempre narran aquellas historias de príncipes y damiselas en peligro –o pobres- que son salvadas por el caballero buen mozo, exitoso y dueño de un castillo.

En esas enseñanzas y leyendas urbanas siempre se olvida lo más importante, ¿qué debemos dar nosotras? Y ¿qué tan dañinas son todas esas influencias que andan en las nubes?

Yo prefiero creer en el amor real, ese de carne y hueso donde conocemos todos los defectos del otro, y aún bajo esas circunstancias elegimos –no obligadas- compartir una vida y sentimientos con otro ser. Quizás el príncipe rubio lo encuentres, aunque el castillo lo tenga hipotecado… O quién sabe, puede que consigas el prototipo que busques, pero que no te ofrezca una sola conversación que no te aburra…

De vez en cuando es bueno quitarse las vendas, buscar esas pulsaciones incontrolables, esos nervios despavoridos, esas risitas que escapan cuando, la química hace efecto y te indica que estas enamorada.

Y aunque la RAE define que el amor es el “sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”, prefiero verlo como ese motor que nos impulsa a ser mejores… porque cuando amas quieres ofrecer la mejor versión de ti misma.

Para amar, hay que darlo todo.

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